Chelo sueña con el amor de su vida; Ricardo tiene pesadillas en las que una mujer quiere asesinarlo. Chelo sueña a Ricardo: Ricardo es perseguido por Chelo.
Desde esta álgebra onírica y emocional, Alfonso Pineda-Ulloa arma Amor, dolor y viceversa, su ópera prima. En este caso, la palabra armar tiene una acepción precisa, porque el filme es un rompecabezas, un espejo quebrado de soledad, deseo y certezas fragmentadas, como suele ocurrir con todas las grandes historias amorosas.
¿Cómo hablar de una película cuya trama pide ser guardada para no arruinársela al espectador? Mostrando sólo algunas piezas de este rompecabezas irregular. El que sitúa a Chelo (Bárbara Mori) como arquitecta más bien ñoña, que se aísla del mundo para imaginar a un novio calentón e imposible. O hablar del cardiólogo Ricardo Márquez (Leonardo Sbaraglia), atormentado por las pesadillas en las que una acosadora sombría quiere matarlo. La nueva apuesta de Lemon Films no sólo experimenta con los géneros, pide atención absoluta del espectador. Basada en un cuento de Álex Marino, quien también funge como coguionista del filme, Amor, dolor y viceversa resuelve en thriller lo que inicia como paradoja sentimental. El reino de lo onírico trasciende a lo criminal; los sueños se transfiguran en merodeos y asesinatos con una estética oblicua de claroscuros y cámaras sesgadas, que, como menciona el director, alude más a las emociones que a la lógica de la trama.
ENTREVISTA CON BÁRBARA MORI
¿Qué implica crear a un personaje cuya historia debes contar de manera fragmentada?
No es difícil porque cuando filmas generalmente lo haces en fragmentos, pero este personaje, en particular, es el que más me ha exigido. En momentos estaba tan clavada que abría los ojos y creía mirar a través de los de Chelo. Entonces empecé a seguir a José María como paparazzi. Fue incómodo: padre para el personaje, pero incómodo para Bárbara, la verdad.
¿Cómo te convencieron para que entraras al proyecto?
Nadie necesitó que convencerme; yo tuve que persuadirlos para que me involucraran. Estaba en Canadá cuando me mandaron el guión y al terminar de leerlo hablé con mis agentes en Estados Unidos y les dije: “No me importa la negociación, quiero hacer esta película”.
¿No desconfiaste por trabajar con un director haciendo su ópera prima?
Sé que en la vida tienes que arriesgar; cuando lo conocí, le dije: “¿A poco eres el director? ¡Te ves muy chiquito!”, pero cuando empezamos a trabajar, supe que iba a hacer una buena película.
¿Cómo se trabajaba con él?
Nos reuníamos en un cafecito y trabajábamos el personaje, con un cuestionario. Nunca había trabajado así, pero lo adopté para las siguientes películas. Me hizo descubrir cosas. Nunca había tenido un director tan clavado con los actores.








